lunes, 14 de septiembre de 2020

Oscuro Señor de Averoigne



Howard Phillips Lovecraft y Clark Ashton Smith (ambos norteamericanos, ambos prestigiosos autores del género fantástico, ambos referentes indiscutidos del mundo pulp en los '30 del pasado siglo) fueron buenos amigos a lo largo de tres lustros aunque no llegaron a conocerse en persona.

El carteo fue el medio que utilizaron para mantenerse conectados y estimularse mutuamente, llegando a reconocer sus fisonomías sólo a través de fotos (al menos Lovecraft supo de Smith de ese modo y es fácil suponer que Smith haya sabido de Lovecraft de la misma manera).

Los mundos soñados por estas dos plumas egregias (a distancia considerable: en Auburn, California, y en Providence, Nueva Inglaterra) coincidieron -para acabar mezclándose- cursando caminos bien distintos. Lo dice Lovecraft en una carta de 1929: Hay una diferencia básica en nuestro trabajo que eliminaría casi automáticamente el peligro de paralelismo, incluso cuando trabajamos sobre temas idénticos. Es esto: que eres fundamentalmente un poeta y piensas ante todo en los símbolos, el color y las imágenes hermosas, mientras que yo soy fundamentalmente un realista en prosa cuya principal dependencia es la creación de atmósfera a través del método lento y peatonal de multitudinarios detalles sugerentes y verosimilitud científica oscura. A lo cual responde Smith: Creo que subestimas el elemento de pura fantasía en tu propio trabajo, aunque estoy de acuerdo contigo en que tus mejores cosas muestran evidencia de la observación literal más cercana.

Lovecraft, se sabe, aportó el enorme contexto de los Mitos de Cthulhu que autores empáticos fueron alimentando con pequeños o grandes aportes. En términos astronómicos, actuó como un  planeta de masa considerable que atrajo hacia sí fragmentos de estrellas a la deriva (resultado de explosiones siderales cercanas o lejanas) y, también hay que decirlo, bastante basura estelar con el tiempo.

Fueron las páginas de la mítica revista Weird Tales, que publicaba ficción macabra y que tantas ganas tenían de trascender HPL y CAS, las que posibilitaron ese fenómeno sidéreo.

Con respecto al dueto que nos ocupa, Lovecraft fue el primero en manifestar admiración por la obra de Smith, admiración que, a juzgar por el poema de 1937 incluido al final de esta entrada, profesó hasta la tumba y quizá, quién puede negarlo, siga profesando en el más allá.

Como ya lo desarrolláramos en otro artículo de este blog (El bardo de Auburn), Smith comenzó a escribir poesía muy joven, apadrinado por el poeta George Sterling. Lovecraft supo del primer libro de Smith, (The Star-Treader and other poems), a través de un amigo común, el poeta y librero Samuel Loveman, y a partir de ese primer contacto comenzó una amistad epistolar inquebrantable.

La primera carta de Lovecraft data del 12 de agosto de 1922. Desde esa fecha, la correspondencia fluye durante quince años y, como dijimos, sólo se interrumpe con la muerte del recluso de Providence. (En una carta a L. Sprague de Camp, Smith dice que seis semanas después, como si hubiera seguido escribiendo y enviando misivas sin saber de la muerte de su corresponsal.) 

Como dijimos, Lovecraft disparó primero, fascinado por la oscuridad poética de Smith.

¡Qué mundo de fantasía y horror opiáceos se revela aquí, y qué poder y perspectiva únicos debe haber detrás de él! Hablo con sinceridad y entusiasmo porque mis propios gustos se centran casi por completo en lo grotesco y lo arabesco. (12 de agosto de 1922)

No hace falta decir que me dio un enorme placer recibir su respuesta y que reconozco en su cortesía a un oscuro compañero en los reinos de lo macabro. Por favor, no considere excesivos mis elogios; créame cuando le digo que cada línea es del más conmovedor y singular poder. (27 de septiembre de 1922)

Eres un genio en la concepción y reproducción de vegetación siniestra, nociva y venenosa, y realmente creo que mis descripciones fueron inspiradas por algunos de tus dibujos que me mostró Loveman... (2 de diciembre de 1922)

Como ya he dicho, no hay otro autor que haya vislumbrado con plenitud esos yermos tenebrosos, golfos inconmensurables, pináculos grises, cadáveres derruidos de ciudades olvidadas, ríos viscosos, estancados, bordeados de cipreses de una indefinible antigüedad y jardines de extraña decadencia, con los que mis propios sueños han estado repletos desde mi infancia. He leído tu trabajo como el registro del único ojo humano que ha visto las cosas que yo he visto en planetas lejanos. (25 de marzo de 1923)

Naturalmente, Smith no se mostraba como un receptor pasivo:

Realmente no he disfrutado nada en el ámbito de la escritura extraña desde La llamada de Cthulhu y El horror de Dunwich. Como le escribí a Wright, nadie tiene tu dominio del horror primordial y abismal. (26 de noviembre de 1929)

Por cierto, si tienes algún manuscrito antiguo que no haya visto, te agradecería echarle un vistazo. No sé de nada que me refresque tanto. Saco el texto mecanografiado de Dagon que me diste una vez y lo releo de tanto en tanto. (10 de diciembre de 1929)

El extraño es una obra maestra del terror tenebroso como una telaraña, con sugerentes valores y matices ilimitados. (23 de abril de 1930)

Sí, Innsmouth tiene una atmósfera de la que uno no puede deshacerse rápidamente. ¡Todavía puedo olerlo y saborearlo!

Y así por mucho tiempo.

Ambos se arrojaban flores, como enamorados. Pero Lovecraft parecía el más cautivado, o el más histriónico al momento de expresar su admiración.

No debo demorarme en expresar mi casi delirante deleite por El relato de Satampra Zeiros, ¡que verdaderamente me ha dado el único puntapié de 1929! Yug! n'gha k'yun bth'gth R'Iyeh glIur ph'ngui Cthulhu yzkaa.... ¡qué atmósfera! Puedo ver, sentir y oler la jungla alrededor de la inmemorial Commoriom, que estoy seguro de que hoy debe estar enterrada en el hielo glacial cerca de Plathoë, en la tierra de Lomar. ¡No tengo dudas de que es en este asunto del horror antiguo en el que pensaba el árabe loco Abdul Alhazred cuando dejó algo no mencionado pero representado por una hilera de estrellas en el códice superviviente de su maldito y prohibido Necronomicon! Has logrado en todo su encanto el toque dunsaniano que encuentro casi imposible de duplicar, y estoy seguro de que incluso el incomparable Nuth se habría alegrado de tener a Satampra Zeiros de maestro. En conjunto, creo que esto se acerca a ser tu punto alto en la ficción en prosa hasta la fecha; por el amor de Zothar, sigue así ... ¡mis anticipaciones adquieren proporciones fantásticas! (3 de diciembre de 1929)

Hasta que murió, en 1937, Lovecraft admiró a Smith. Lo prueba su último poema, A Klarkash-ton, Señor de Averoigne, escrito poco antes de su partida.


Una negra torre se divisa entre oscuros bancos de nubes

Rodeada de un opresivo bosque sin senderos.

Sombra y silencio, musgo y moho, bosque oscuro,

Lápidas grises envejecidas por el tiempo;

Ningún pie ha hollado, ningún trino ha perturbado

La letal soledad de esta noche eterna.

Pero a veces el aire denso se agita con un batir de alas

Cuando en la torre brilla una luz mortecina.


Porque aquí, en soledad, habita aquel cuyas manos han labrado

extraños signos que estremecen al mundo;

y entonando sus runas terroríficas ha revelado

lo que acecha más allá de los golfos estelares.

Oscuro Señor de Averoigne: tus ventanas se abren 

a pesadillas que ningún otro podría tolerar.


H. P. Lovecraft (1890-1937)


La imagen de cabecera y los extractos de cartas fueron tomados de The Eldritch Dark

La versión castellana del poema de Lovecraft fue realizada por Daniel Milano.





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